Me encontraba sentada observando la lluvia caer detrás de mi ventana, con un libro sobre mi regazo. Intentaba no poner atención a los ruidos provenientes del piso de abajo, no eran simples ruidos, pero tampoco me asombraba escucharlos, los oía todos los días y muchas veces en las noches, casi nunca paraban. Ellos me hartaban con sus peleas constantes, siempre eran groserías dirigidas al que tenían enfrente. Palabras que no me atrevo a mencionar, ¿como era posible que personas con las que había vivido toda mi vida, personas que yo había llamado padres, se convirtieran en unos completos extraños para mi? No me importaba lo que se decían, por que lo que decían muchas veces no tenia sentido y la mayoría de groserías que se gritaban me las sabia de memoria. Y preocuparme por las amenazas ya no tenia ningún sentido ya que jamas las cumplían, como la que mamá solía decir en cada discusión:
-Me iría de esta casa, si no fuera por ella, yo se que no la cuidarías pero tampoco me dejas llevármela conmigo- decía ella en tono airado, no sabia como era su expresión ya que yo me encontraba encerrada en mi cuarto. Oí a mi padre reírse sarcásticamente.
-¿Por que no simplemente te vas?, nadie te lo impide pero a ella no te la llevas, ¿y que te hace pensar que no la cuidaría?-
Eso mismo habían discutido la noche anterior, me molestaba que me integraran en sus discusiones. Esta mañana me levante pesadamente de la cama, sabia lo que me esperaba abajo, un desayuno en ''familia'' muy divertido. Pero esta mañana había algo diferente, no podría explicar qué, pero el ambiente estaba demasiado cambiado, como si todo lo que tenía color lo hubieran puesto gris, llovía por primera vez en el año, pero no era eso. Me acerqué a las escaleras y oí hablar a mi padre:
-Es tu decisión, y yo no te detendré- casi pude ver a mi papá sonreír.
-Solo dime que la cuidarás- mi madre hablaba en tono frío, pero en su voz se notaba que estaba implorando. Mi padre dio un suspiro y oí unos pasos que se acercaban a la cocina, luego otros pasos más finos que salían por la puerta principal, y luego de eso... nada más, nada de nada. Bajé corriendo las escaleras y vi a mi padre sentado en el sillón del sofá y sabía lo que pasaba. Salí corriendo de mi casa, aun podía alcanzar a mama; cuando llegue a la calle, mis esperanzas se fueron, vi el auto de mama acelerar sobre la carretera y luego esfumarse en el horizonte. Todo había acabado, era el fin.
Recuerdo que tenías otro blog. Espero estés bien un abrazo.
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